6 de julio de 2021

Verano

  

El verano todo lo cambiaba 
en el campo no crecía 
la hierba quemada

El verde se convertía en ceniza
el azul en calima 
y el tiempo se paraba

Se calentaba la sangre 
por los poros dilatados 
de la sudorosa piel 

El día duraba mañanas completas 
y tardes eternas 
y siempre había tiempo 
para pensar en nada 
plácida nada 

Y el azul y el gris 
y el olor pesado del calor 
quemando las horas
llenas de nada 

Todo se paraba 
todos se paraban 
y no crecía la vida 
solo pasaba 
con más alegría 
en Andalucía 


10 de febrero de 2013

A un hilo de José Saramago














El suave viento en la ciudad me abriga
y me susurra algo que de simple tardo en comprender:
que me ama y me abriga y por su amor
he yo de amarlo
¡todo cuanto al aire libre crece!

Cuando me reencarne quisiera hacerlo en un árbol
con raíces bien ancladas en la Tierra
¿Y dónde queda dios?
¿dónde está?
Antes se decía en el cielo
ya no hay cielo
hay espacio
dijo un sabio,
A trece millones de años luz están los límites del espacio
¿Y dios?
¿dónde queda?


Luis María

28 de agosto de 2012

¿Para qué sirven la espinas?


[...]
El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos:
—¿Tú crees que las flores…?
—¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias.
Me miró estupefacto.
—¡De cosas serias!
Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo.
—¡Hablas como las personas mayores!
Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió:
—¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados.
—Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
—¿Un qué?
—Un hongo.
El principito estaba pálido de cólera.
—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
[...]


Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.

29 de septiembre de 2011

La Verdad disparada

Robert Louis Stevenson sobre Walt Whitman ...


Llega el turno a Hojas de hierba, de Whitman, un libro que me fue de especial utilidad, ya que dio la vuelta a mi visión del mundo, disipó mil telarañas de espejismos éticos y burgueses y, después de demoler mi tabernáculo de falsedades, me asentó sobre una sólida estructura de virtudes esenciales y viriles. No obstante, una vez más, es un libro solo indicado para aquellos que poseen talento para la lectura. Seré franco; creo que esto sucede con todo buen libro, salvo, quizá, con las ficciones. El hombre común vive de una manera tan convencional que la verdad disparada en cargas de pólvora contribuye más a desmantelar su credo que a fortalecerlo. O bien clama al cielo por la blasfemia y la inmoralidad reinantes, y se acurruca junto a ese pequeño ídolo de medias verdades y convencionalismos que constituyen la divinidad de nuestro tiempo, o bien, seducido por lo nuevo, olvida lo antiguo y se convierte él mismo en un hombre verdaderamente indecente y blasfemo. Una verdad nueva solo es útil como complemento de la antigua; una verdad tosca solo sirve para vigorizar, nunca para destruir nuestros, a menudo, elegantes y cívios convencionalismos. Aquel que no sepa juzgar, limítese a la lectura de ficciones y periódicos. Le harán poco daño, y al menos, de aquellas sacará algun provecho.

8 de junio de 2011

Por el desprecio ...

De las soledades hay que hacer una experiencia. Tener nuevos oídos para una nueva música: nuevos ojos para las cosas más lejanas; nueva conciencia para verdades hasta ahora mudas, y la voluntad de la economía en grande estilo; conservar las propias fuerzas y el propio entusiasmo... hay que respetarse a si mismo, amarse a sí mismo; absoluta libertad para consigo mismo... Ahora bien; sólo los forjados así son mis lectores, mis lectores predestinados; ¿qué me importan los demás? Los demás son simplemente la humanidad. Se debe ser superior a la humanidad por la fuerza, 

por el temple, por el desprecio...

FRIEDRICH NIETZCHE
 Inversión de todos los valores. Fragmento de prólogo a El Anticristo.

21 de mayo de 2011

AULLIDO

I saw the best minds of my generation destroyed by
madness, starving hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn
looking for an angry fix,
(...)

 Allen Ginsberg 

He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de
un colérico picotazo, (...)

26 de marzo de 2011

Solo tú seras tú ...

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».


Pedro Salinas

26 de enero de 2011

No hay razón para que sea menos verdadera que todo lo que piensan los filósofos y todo lo que nos enseñan las religiones.

En un medio día de fin de primavera
tuve un sueño como una fotografía.
Vi a Jesucristo descender a la tierra.

Vino por la ladera de un monte
hecho niño de nuevo
a correr y a revolcarse por la hierba
y a arrancar flores para tirarlas luego
y a reírse de modo que lo escuchen desde lejos.

Había huido del cielo.
Era demasiado nuestro para fingirse
la segunda persona de la Trinidad.
En el cielo era todo falso, todo en desacuerdo
con las flores y los árboles y las piedras.
En el cielo tenía que que estar siempre serio
y de vez en cuando volverse otra vez hombre
y subir a la cruz, y estar siempre muriendo
con una corona completamente rodeada de espinas
y los pies atravesados por un clavo con cabeza,
y hasta con un trapo alrededor de la cintura
como los negros de las ilustraciones.
Ni siquiera le dejaban tener padre y madre
como los otros niños.
Su padre era dos personas:
un viejo llamado José, que era carpintero.
y que no era su padre;
y el otro padre era una paloma estúpida,
la única paloma fea del mundo
porque no era del mundo ni era paloma.
Y su madre no había amado antes de tenerlo.
No era mujer: era una maleta
en la que había venido del cielo.
Y querían que él, nacido sólo de madre
y sin un padre al que amar con respeto,
predicase la bondad y la justicia.

6 de enero de 2011

¿Cómo llegar a ti?



A ti sólo se llega
por ti. Te espero.

Yo sí que sé dónde estoy,
mi ciudad, la calle, el nombre
por el que todos me llaman.
Pero no sé dónde estuve
contigo.
Allí me llevaste tú.

¿Como
iba a aprender el camino
si yo no miraba a nada
más que a ti,
si el camino era tu andar,
y el final
fue cuando tú te paraste?
¿Que más podía haber ya
que tú ofrecida, mirándome?

Pero ahora,
¡qué desterrado, qué ausente
es estar donde uno está!
Espero, pasan los trenes,
los azares, las miradas.
Me llevarían adonde
nunca he estado. Pero yo
no quiero los cielos nuevos.
Yo quiero estar donde estuve.
Contigo, volver.
¡Qué novedad tan immensa
eso, volver otra vez,
repetir lo nunca igual
de aquel asombro infinito!

Y mientras no vengas tú
yo me quedaré en la orilla
de los vuelos, de los sueños,
de las estelas, inmovíl.
Porque sé que adonde estuve
ni alas, ni ruedas, ni velas
llevan.
Todas van extraviadas.
Porque sé que adonde estuve
sólo
se va contigo, por ti.


Pedro Salinas

11 de diciembre de 2010

LA CORRUPCIÓN DEL JUSTO





Salomón, icono de la justicia, casóse con muchas esposas. Le achaca la historia - no sé si quizá por este hecho - una paulatina pérdida de sus capacidades juiciosas. Sin embargo, amar, el hombre parece que supo a lo largo de toda su vida.
Entre sus bellas (y no tan) esposas se casó con la hija del faraón del Egipto de su aquel entonces. Y Salomón, judío, hombre sabio donde los haya, icono de la justicia universal, siempre permitió a sus amadas adorar a sus propios dioses. Su buen juicio judío claramente obnubilado por su ansia de amar, tal vez de ser amado.

Su favorita, la egipcia, adoraba a Renenutet, diosa protectora de la estirpe real de los faraones, diosa que garantizaba su fertilidad y vigilaba su suerte, diosa que fue icono del poder egipcio, diosa cuya imagen en la Tierra es una serpiente, una mujer con cabeza de cobra. Más de un templo edificó el rey Salomón al tiempo que el gran templo judío. Entre ellos, uno con la estatua de una sierpe. Salomón, judío, justo y sabio, conocedor de la ley judía, perdió la cabeza, la sierpe lo corrompió.

Y así, escribió celoso el pueblo judío que aunque justo y sabio, Salomón en su vejez pecó de idolatría y honró a dioses paganos. Escribió también en aquel su entonces el pueblo judío que, mucho tiempo atrás, la misma sierpe que introdujo el mal en la alcoba del justo Salomón, introdujo el mal en este mundo. A Salomón le ofreció una esposa, a la primera esposa del hombre, una manzana. 

Luis María

7 de diciembre de 2010

Busco el verso eterno

Yo busco un verso más largo, 
siempre un poco más largo, 
nunca quiero cerrarlo, 
bailar en su ritmo infinito,  
un verso siempre inacabado.


¡Ah! poema inacabado,
No es ajeno al cambio del hombre
Ni el hombre es ajeno a su cambio
Quizá busca insaciable la dificultad de un poderoso canto
En el poder cambiarlo
Mi poema vive y por vivir cambia
Con el lector madura
Y en la lectura añade el poema sus cambios
Es entonces eterno e inacabado pues 
Nunca está del todo cerrado

Luis María

5 de diciembre de 2010

Escribir como un cobarde


vivir por vivir nomás
como canta el pájaro sin saber que canta
como juega el niño sin saber que juega

Eduardo Galeano

existe un instante preciso
en el que siento que debo escribir
y escribo
escribo sin freno y con talento
escribo por inercia y con la mente lúcida
escribo porque no podría hacer otra cosa más que escribir
siento que escribo porque existo
que existo porque escribo
que escribo porque vivo

y entonces haces tu primera incursión en mi cabeza
en ese momento de placidez sin pretensión te metes a la fuerza
surges de lo más bueno que hay en mí para cohibirme
cuando lo estoy dando todo por nada aprovechas mi debilidad
y lanzas un dardo cargado de verdad
¡mentiras!
no es el primero, ya te conozco
ni el más potente, vendrán otros peores
pero causa el efecto esperado por mi
comienza el temor, los temblores
el sudor
me cuestiono todo por ti
y dejo incluso de creerme si tú no me crees
¡Quien viviera por vivir! como canta el pájaro sin saber que canta
te presentas altivo y directo porque sabes que te temo y que te necesito
¡te maldigo!
¡escribo porque vivo y no puede haber nada más bello!
¡escribo como respiro, porque respiro!
¡al carajo todo lo demás!
¡vete y déjame escribir porque vivo!
¡vete!
¡no pararé a pesar de lo que digas!
¡pero espera! ¡espera!
Aún necesito oír
tu juicio

Luis María


Pájaro azul

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro, 
¿lloras tú?

Charles Bukowski

2 de diciembre de 2010

CARTAS DE AMOR RIDÍCULAS



Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

Álvaro de Campos.

30 de noviembre de 2010

¡Qué evidente!


"La indiferencia para con la patria, para con la religión, para con las llamadas virtudes cívicas y para con los pertrechos mentales del instinto gregario, resulta no sólo útil para el artista, sino que es su deber absoluto. Si esto es amoral, la culpa es de la Naturaleza, que le ordena crear belleza y no sermonear a nadie."
 Fernando Pessoa



¡Qué evidente!

Me gustan las evidencias
no lo fútil ni lo simple
pero si lo evidente mencionado
la verdad duplicada
la palabra y el silencio adecuado

Me gusta decir que algo me gusta 
cuando me ha gustado
y exclamar ¡qué divertido!
cuando algo me divierte y llorar
si algo me hace daño

Re-decidir impotente mil veces que amo la mente del hombre 
cuando leo la inteligencia, evidente, pessoana
y que odio a la humanidad y toda su creación 
porque nunca podré sentir
qué evidencia lo que sientes tú 
al leer este poema


Luis María


28 de noviembre de 2010

MI GENERACIÓN


GENERACIÓN DE INSATISFECHOS
SUFRIDORES, VIVIDORES BEBEDORES
DROGADICTOS 
NECESITADOS DE AMOR
INCUMPLIDORES DE NUESTRA PALABRA 
POR VIVIR INTENSAMENTE LA VIDA 
NO VIVÍS
GENERACIÓN DESOCUPADA 
GENERACIÓN RELATIVA
DESMORALIZADA INMORAL
ODIOSA GENERACIÓN DE ODIO CONTENIDO CONSERVADA
SEXO DROGA Y ROCK'N'ROLL VITALES LEMAS CORROMPIDOS 
POP QUÍMICO Y MASTURBACIÓN
INOCENTE Y CULPABLE GENERACIÓN CANSADA
HASTIADA DE SU HISTORIA CIRCULAR
CONOCEDORA DE SU ERROR
IMPASIBLE OLVIDADIZA IRACUNDA CONTENIDA 
CORROMPIDA DESCONFIADA MIMADA IMPERTINENTE Y SOBERBIA
GENIAL GENERACIÓN DE GENIOS EXTASIADA 
GENERACIÓN AUTOCONSCIENTE DE SU GENIAL AUTOCOMPLACIENTE GENIALIDAD INSATISFECHA 
ARRUINADA 
DESMITIFICADA ...

POR VIVIR MÁS VIDAS DE LAS QUE EN REALIDAD HA VIVIDO,
TODAS LAS VIDAS QUE NUNCA QUISO VIVIR.

Luis María

A modo de saludo: declaración de intenciones.


A ti que gobernarás la tierra, que en tus aparentes e impotentes manos vive acallado el poder 

del cambio. Que el engaño no te invada por sorpresa, desprevenido, servicial, cambiante, y 

dispuesto.

A ti, pues, que también soy yo mismo, 
 
a nosotros

¡los hombres del futuro!


Luis María

"Me inspira un canto que es eterno"




POETS TO COME

¡Poetas de futuro! ¡Oradores, cantantes, músicos del porvenir!
No será este presente quien debe justificarme y responder por mí,

Sois vosotros, la nueva generación autóctona y atlética, continental, más grande que todas las conocidas.

¡Arriba!, que vosotros debéis justificarme. 
Yo apenas dejo escrita unas pocas palabras acerca del futuro, 

Me adelanto un instante y retrocedo corriendo presurosoa sumirme en las sombras.

Soy un hombre que, sin parar su marcha, os mira fugazmente y luego vuelve el rostro,

Dejándoos el cuidado de examinarla y definirla, 

¡Lo principal lo espero de vosotros!

                                                        
Walt Whitman